20 de enero de 2014

Las risas se apoderaron de su rostro. "Ven aquí" Risas divertidas. Su cabello agitándose en la nada. Andares fugaces, del mismo modo que en aquella noche de verano en la que le había dicho aquella frase... "ven aquí". Pero en ese entonces sólo eran dos personas con miedo. Miedo al devenir, al sentir, al vivir. ¿Y ahora? dos jóvenes con ganas de soñar, de amar, de arriesgar, de conquistar un mundo si cada noche van a poder abrazarse. Se apagó la luz. Gritos a media voz por parte de ella. La mano de él busca la de ella para protegerla pues ya pueden venir monstruos, arañas, gigantes o serpientes que nada conseguirá hacerle daño si él está allí. Y entonces se detiene el tiempo. Las manos inquietas de ella persiguen el cuello de él y el mundo se esfuma. Él y ella. Sus labios acariciándose, los cuerpos muy cerca  y entre sonrisas besos frescos, llenos de ternura, llenos de deseo. De esos besos que nunca se olvidan.



Seamos ese instante que nunca se olvida

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