18 de febrero de 2014



11 de agosto. Una vida un tanto desordenada. Un caos en mitad del cosmos. Y en mitad de un mundo donde el orden no existe toma partida la coincidencia, la casualidad..Unos lo llaman destino pero yo prefiero no designarle ningún nombre en concreto. Un preciso segundo y mi vida dio un giro de 360º. El caos empezó a ordenarse, a adoptar su forma predeterminada. Las sonrisas empezaron a existir en mi diccionario y los sueños e ilusiones empezaron a cobrar importancia. Sueños invencibles. De esos que alimentan la vida: un buenos días, un ¿cómo estás?, un te echaba de menos o simplemente un hasta mañana dormilona. Noches en vela sin importar el hecho de ver amanecer, es más, mucho mejor. Un momento más que nos pertenece: los amaneceres. El instante en el que se pone el sol tras una noche oscura. Tan oscura como parecía el caos de mi vida antes de que tu sonrisa se convirtiese en el suejto dirigente de mi vida. ¿Amor?¿Quién decía amor? Un interrogatorio acerca de aquello que sentía y negación a dichos sentimientos por miedo. Miedo a sentir, a querer, a amar... pero aquella sonrisa esfumó el miedo dejando lugar al querer arriesgar, a dejarse llevar, a romper barreras...a volar. Volar como la pluma de una ave al balancearse en mitad de la nada en aquel viento incierto. Regresó la niña de 5 años. La niña y su risa. Risa inquieta, divertida, frenética, soñadora, con ansias de vivir... De vivir junto a él.

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